A mi princesa de 23 años

Hay un ser maravilloso que me ha dado muchas satisfacciones y muy pocos disgustos. Un ser que cada vez hace que oriente mi vida hacia un rumbo norte ideal. Nunca le había compuesto nada y espero que, dentro de mis bondades y limitaciones, pueda realizar la creación literaria más bella nunca realizada por mí. Resumir, en verso, los principales momentos de nuestras vidas desde la perspectiva de un padre que, en el primer momento, el miedo le agobió, la ilusión le impulsó y, su angelical cara al nacer, me cautivó.
Este año cumple veintitrés años. Quiero hacer ese recordatorio por todas las personas que, siguiendo contigo en la distancia o en otra dimensión, han formado parte de tu vivencia y han marcado la forma tan dulce y tierna que siempre has tenido. Tu abuelo materno, al que cambiabas el semblante con tu sonrisa, tu bisabuela paterna a la que, aún con demencia senil, hasta hace pocos años siempre tuvo una sonrisa poco costumbrista en ella. El resto de abuelos, tus tíos, tus primos y la cantidad de amigos que siempre has dejado en el surco que marcabas como líder natural que siempre has sido.
Recuerdo, con cariño y admiración, tu determinación en hacernos asumir a todos que, al curso siguiente, cambiarías de ciudad, escuela, lengua, compañeros y que, dentro de tú madurez prematura, asumiste con determinación y fortaleza.
Siempre has sido amiga de tus amigos, fiel a los tuyos y bondadosa con tu gente. Por ello estoy tan orgulloso de ello. Has cubierto todas las etapas de tu vida sin aspavientos, sin humillar a las personas, sin faltar a sus sentimientos y, sobretodo, dando una parte de tí por los demás.
Como padre sólo me resta decir que, tal como dice el proverbio chino, en la vida hemos de tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro, contigo he cumplido las tres en una sola.
Verte crecer significó podar, cuidar, alimentar, darle agua y mantenerte erguida como la flor más delicada, el árbol más robusto o el arbusto más endeble.
El no saber estar a la altura que se esperaba en algunas etapas de mi vida, me sirvió para que me leyeras los pasajes del libro de una vida que no habías vivido, pero que mostraste con la ternura de una hija y el mensaje de una amiga. Aún recuerdo tus palabras y lo mucho que han representado para mí.
Obviamente, he tenido una hija que se puede sopesar como una docena de hijas. Con la ventaja de tener que alimentar una y con la gratitud y dulzura de haber tenido doce.
Le doy gracias a la vida por haberme obsequiado con una hija así. Cuando, en los últimos tiempos, mis pensamientos errantes me llevaron a caminos poco reconfortantes, me animaba saber lo afortunado que era por todas las cosas maravillosas que me ha dado la vida. Seguramente, tú la mejor de todas ellas.

Tu padre.



 A MI PRINCESA DE 23 AÑOS (POEMA)

Fase inicial de borrador

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